martes, octubre 16, 2012

la filosofía y un santo.

¡Oh, Hipatía! Cuando la que llamaban la fe verdadera azotó sin piedad y arrancó toda la fe de los tuyos, fuerte te mantuviste.
Dedicaste tu vida no a la fe, sino a la buena duda, pero sin jamás distanciarlas. ¿Sabrás acaso que quién puso la sentencia sobre tu obra hoy es un Santo? Si lo supieras, de seguro, serías más santa que él y más cristianos serían tus motivos para hacer caso omiso, no a la blasfema, sino que a la necedad.
¡Viste caer ante tus ojos todo lo amabas y a lo que dedicabas tu vida! el esfuerzo de tantos hombres aplastado bajo el insulto divino, tomado el santuario del hombre para convertirlo en el santuario no de Él, sino de ellos. Aún así, oh Hipatía, no dudaste en defender lo más sagrado y cierto que aún tenemos: la duda.
Si fuese cristiano, judío o pagano no importaba ¿Acaso no enseñabas que si dos objetos son iguales entre sí, y uno de ellos a un tercero, entonces los tres son iguales? ¿Acaso algunos eran menos hombres que otros, luego acaso no eran iguales? Pensaste mucho para tu época, oh Hipatía, pensaste como las mujeres tardaron siglos más en atreverse a pensar. Cuantos hombres como tú nos hacen falta en nuestros días.
De tu legado, más sabio y prometedor poco se sabe, de tu verdugo, el Santo, puedes estar tranquila, pues le han olvidado y recordado es solo por atrocidades.

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